Con el precio internacional del oro en niveles históricamente altos, en Uruguay reaparece el interés por explorar y reactivar proyectos. Pero para entender por qué Minas de Corrales vuelve a estar en el foco, hay que mirar hacia atrás: la historia del oro en Rivera empezó con fuerza a fines del siglo XIX y dejó huellas que todavía se ven.
Por qué ahora: el “efecto precio” que reabre proyectos
Uruguay no mantiene una minería aurífera sostenida a gran escala, pero cuando el oro sube con fuerza, los proyectos que antes no cerraban números vuelven a revisarse. En términos simples: con un valor internacional más alto, mejora la ecuación para inversiones con costos iniciales elevados, especialmente en exploración, infraestructura y tratamiento de mineral.
El oro además suele fortalecerse en escenarios de incertidumbre global, lo que incrementa la atención de empresas y fondos sobre yacimientos que estaban en pausa.
Qué proyectos están sobre la mesa en 2026
En los últimos meses se mencionan iniciativas que buscan impulsar nuevos estudios y evaluaciones vinculadas al oro en Uruguay. Entre ellas aparece el nombre de una sociedad denominada Domo Minerals S.A.S., con un enfoque tecnológico distinto para el tratamiento del material y el manejo de sedimentos, lo que implica una inversión inicial relevante.
También se reporta que una firma canadiense, Sunvalley, desarrolla investigación aurífera en la zona de Pirarajá (Lavalleja), en una etapa orientada a determinar viabilidad y dimensiones del yacimiento.
Minas de Corrales: por qué Rivera vuelve al radar
Minas de Corrales tiene historia, identidad y memoria minera. No es un descubrimiento nuevo: es una región que ya vivió ciclos intensos de auge y caída, vinculados a la rentabilidad del oro, la tecnología disponible y el tamaño real de los recursos.
Por eso, cada vez que el oro “se dispara”, Corrales vuelve a aparecer como un punto lógico de análisis: hay antecedentes productivos, hay conocimiento acumulado y hay infraestructura histórica (y cultural) ligada al mineral.
La fiebre del oro de 1878: la empresa francesa que encendió la historia
La etapa que muchos consideran el inicio del gran ciclo aurífero en la zona de Corrales arranca en 1878, cuando se impulsa la llegada de capital y gestión extranjera. Ese año se forma en París la compañía conocida como Compagnie française des mines d’or de l’Uruguay, identificada en Uruguay como la Compañía Francesa de Minas de Oro del Uruguay.
Según documentación histórica, la empresa fue constituida con un capital importante para la época y operó concesiones vinculadas a la región aurífera, incluyendo áreas asociadas a San Pablo/Santa Ernestina, uno de los primeros grandes centros de explotación a escala industrial.
Antes de 1878: el trabajo previo que hizo posible la llegada del capital
La fiebre no surge de la nada. Desde mediados del siglo XIX ya existían denuncias y registros formales sobre presencia de oro en la región (Cuñapirú, Corrales y arroyos cercanos). En esa etapa aparece una figura clave: el ingeniero de minas Clemente Barrial Posada, quien impulsa trabajos, estudios, infraestructura inicial y, sobre todo, la estrategia de promover el potencial aurífero en centros financieros como París y Londres.
En la década de 1870, Barrial Posada busca atraer inversión internacional, envía muestras y presenta estudios, generando interés en círculos de inversores europeos. Ese esfuerzo termina abriendo la puerta al desembarco de grandes compañías.
Infraestructura y tecnología: lo que dejó la primera gran ola minera
La instalación de compañías extranjeras no solo significó extracción. También trajo obras y tecnología avanzadas para el momento: plantas de molienda, obras hidráulicas para energía y movimiento de maquinaria, y sistemas de transporte interno del mineral.
Fuentes históricas describen la construcción de una represa y una usina de molienda en la zona de Cuñapirú hacia 1880-1881, además de infraestructura complementaria como sistemas ferroviarios internos de trocha angosta para mover mineral y equipamiento importado desde Europa. También se registra la creación de servicios para trabajadores, como un hospital asociado a la actividad minera en esos primeros años de la compañía.
Ese ciclo transformó el paisaje y la vida local: la minería reconfiguró lo rural en lo económico y lo demográfico, atrajo migración y generó un “pueblo minero” con dinámica propia, marcada por prosperidad cuando había actividad y éxodo cuando la producción caía.
El lado oscuro del boom: disputas, poder y denuncias
La fiebre del oro también trajo conflictos. Parte de la historiografía menciona fuertes disputas por derechos y concesiones, informes técnicos utilizados para atraer inversión, y denuncias de irregularidades en la apropiación de terrenos auríferos en el marco del poder político de la época. En ese período, la minería no solo se discutía por oro: se discutía por control del territorio y de la riqueza.
El punto crítico sigue siendo el mismo: ley del mineral, costos y proceso
Más de un siglo después, la lógica económica del oro no cambió: importa la “ley” (cuánto oro hay por tonelada), el costo energético, la logística y el método de procesamiento. A menor ley, más roca hay que mover, triturar y tratar para obtener el mismo resultado. Eso encarece todo: combustible, molienda, reactivos, mantenimiento y manejo de residuos.
Ambiente y permisos: por qué no es “arrancar y listo”
Además del interés económico, cualquier avance hoy requiere un camino regulatorio exigente: permisos, estudios, controles y evaluación ambiental. El debate contemporáneo incluye empleo e inversión, pero también manejo de pasivos, control de efluentes y seguridad de depósitos de residuos (relaves), con estándares mucho más estrictos que en el siglo XIX.
Qué puede pasar en 2026: escenarios posibles
- Escenario 1: avance técnico gradual con exploración y modelado del recurso para definir si la inversión es viable.
- Escenario 2: proyectos que no superan la etapa de factibilidad por costos, ley insuficiente o exigencias ambientales.
- Escenario 3: reactivación puntual con tecnología más eficiente y condiciones de control ambiental más estrictas, si se confirma un recurso económicamente explotable.
La clave es si el nuevo ciclo logra combinar tres condiciones: recurso suficiente, proceso eficiente y licencia ambiental/social para operar.


