Sebastián Marset pasó de ser un nombre casi desconocido para gran parte del público a convertirse en uno de los criminales más buscados de Sudamérica. Su historia mezcla narcotráfico internacional, documentos falsos, vida de lujo, vínculos con el fútbol, escándalos políticos y una fuga que durante años dejó en ridículo a las autoridades de varios países.
Su captura en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el 13 de marzo de 2026, cerró una larga etapa de búsqueda internacional. Pero detrás de esa detención hubo una trayectoria criminal que comenzó mucho antes y que fue creciendo hasta transformarlo en una figura central del crimen organizado en la región.

Una infancia en Montevideo marcada por un barrio duro
Sebastián Enrique Marset Cabrera nació el 10 de abril de 1991 en Montevideo y creció en Piedras Blancas, una zona del noreste de la capital que con el paso del tiempo quedó asociada a la precariedad, la violencia y las dificultades sociales.
Su historia personal contrasta con la imagen que años después proyectó como capo narco. De niño fue descrito como un alumno aplicado e incluso llegó a ser abanderado en la escuela. Sin embargo, esa etapa no duró. La separación de sus padres y el peso del entorno terminaron influyendo en un camino que se alejó cada vez más de la vida común.
En su adolescencia encontró una salida en el fútbol. Jugó en divisiones juveniles de Danubio, pero ese recorrido tampoco prosperó. Con el tiempo, las malas juntas y el contacto con ambientes delictivos lo apartaron definitivamente del deporte como proyecto de vida.
Los primeros antecedentes y la prisión en Uruguay
Marset fue detenido por primera vez en 2013 por tráfico de drogas. A partir de ese caso, su nombre comenzó a quedar asociado al negocio del narcotráfico, aunque todavía lejos de la dimensión internacional que alcanzaría años después.
Durante su tiempo en prisión en Uruguay, investigadores sostienen que logró tejer contactos con redes criminales de mayor porte. Esa etapa sería clave para su posterior crecimiento dentro del mundo del narcotráfico regional.
Entre 2013 y 2018 pasó por distintos centros penitenciarios uruguayos, entre ellos la cárcel de Libertad, el Comcar y luego Punta de Rieles. Para varios investigadores, allí consolidó vínculos con presos conectados al negocio de la droga en Paraguay y Brasil.
El salto internacional y la construcción de una red criminal
Tras recuperar la libertad, Marset amplió su radio de acción y comenzó a ser vinculado a operaciones de tráfico de cocaína desde Sudamérica hacia Europa. Distintas investigaciones lo colocaron como líder del llamado Primer Cártel Uruguayo, una estructura señalada por coordinar movimientos de droga, dinero y logística entre varios países.
Su figura empezó a aparecer ligada a redes de alto nivel, con conexiones que, según diversas investigaciones periodísticas e informes judiciales, alcanzaban a organizaciones criminales de Paraguay, Brasil y Europa.
Las autoridades paraguayas y bolivianas lo relacionaron con figuras como Juan Domingo Viveros Cartes, alias “Papacho”, y Miguel Ángel Insfrán Galeano, alias “Tío Rico”, dos nombres de peso en el narcotráfico paraguayo. Esa red operaba especialmente en la frontera entre Paraguay y Brasil, utilizando rutas terrestres, aéreas y fluviales para mover cargamentos de cocaína.
Algunas investigaciones sostienen que, en apenas unos meses, la organización coordinó despachos de droga que sumaban cerca de 15 toneladas de cocaína con destino a puertos europeos como Rotterdam y Amberes, una operativa que habría generado cientos de millones de dólares.
El episodio de Dubái y el escándalo del pasaporte
Uno de los momentos más conocidos del caso ocurrió en 2021, cuando Marset fue detenido en Dubái por portar documentación falsa paraguaya. Sin embargo, logró obtener un pasaporte uruguayo y salir de Emiratos Árabes Unidos, en un episodio que luego provocó una fuerte tormenta política en Uruguay.
Ese caso desató cuestionamientos, investigaciones y renuncias de altos jerarcas, transformando a Marset no solo en un problema policial, sino también en un tema de enorme impacto político y diplomático.
La entrega de ese documento se convirtió en uno de los episodios más polémicos de los últimos años en Uruguay, ya que permitió que el narcotraficante recuperara movilidad internacional en un momento en que ya era observado por organismos de seguridad de varios países.
Bolivia, la vida clandestina y el perfil de empresario
Con el paso del tiempo, Marset se instaló en Bolivia, especialmente en Santa Cruz de la Sierra, donde según distintas publicaciones llevó una vida de alto perfil, rodeado de comodidades, con lujosas propiedades y una estructura de seguridad importante.
Allí también logró moverse con identidades falsas y mantener durante meses una fachada social que le permitió no solo esconderse, sino también mezclarse con actividades empresariales y deportivas.
En los allanamientos de 2023 y 2026 surgieron detalles que reforzaron esa imagen: mansiones en barrios exclusivos, vehículos de lujo, importantes sumas de dinero y un entorno que mostraba el poder económico acumulado por su estructura criminal.

Su vínculo con el fútbol
Uno de los aspectos más llamativos de su historia fue su relación con el fútbol. Marset llegó a ser vinculado con equipos y actividades deportivas en la región, y diferentes medios revelaron que incluso se mostraba en ese ambiente con naturalidad, usando nombres falsos y aprovechando ese entorno como parte de su fachada.
Las publicaciones de 2023 y 2026 sobre su paso por clubes y competencias regionales reforzaron la idea de que durante mucho tiempo no solo se ocultó, sino que vivió a la vista de todos.
En Bolivia fue asociado al club Los Leones El Torno, donde incluso llegó a ser visto en la cancha. Ese detalle resultó especialmente llamativo para los investigadores, porque mostraba hasta qué punto había conseguido construir una cobertura social mientras era uno de los prófugos más buscados del continente.
La fuga de 2023 que aumentó su leyenda
En julio de 2023, la policía boliviana desplegó un gran operativo para detenerlo. Sin embargo, Marset logró escapar antes de ser capturado. Aquella fuga tuvo un enorme impacto mediático y consolidó su imagen como uno de los prófugos más escurridizos del continente.
Tras ese episodio, las autoridades bolivianas difundieron afiches de búsqueda y reforzaron la presión sobre su entorno.
La espectacular evasión, en la que también escaparon familiares y colaboradores, dañó seriamente la imagen de las fuerzas de seguridad bolivianas. A partir de entonces, Marset pasó a ser una especie de fantasma del narcotráfico regional: todos hablaban de él, pero durante mucho tiempo nadie lograba capturarlo.

Acusaciones cada vez más graves
Con el correr de los años, el nombre de Marset también fue mencionado en causas vinculadas a lavado de dinero, estructuras de tráfico internacional y presuntos vínculos con hechos criminales de enorme repercusión en la región.
Su figura creció hasta convertirse en uno de los objetivos más importantes para las agencias antidrogas y fuerzas de seguridad de varios países. Para entonces, ya no se trataba solo de un narcotraficante uruguayo prófugo: era una pieza de peso dentro del mapa del crimen organizado sudamericano.
Uno de los episodios más delicados en los que fue mencionado fue el asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, ocurrido en 2022 en Colombia durante su luna de miel. Aunque ese caso siguió su propio curso judicial, el nombre de Marset apareció una y otra vez en el centro del debate regional sobre el alcance de las grandes redes del narcotráfico.
El video desafiante y el apodo de “Rey del Sur”
Durante su etapa como prófugo, Marset también alimentó su propia leyenda a través de mensajes grabados. En uno de los videos más difundidos, lanzó una advertencia directa a sus enemigos y dejó en claro el nivel de confianza con el que se movía:
“Mejor sean amigos y no enemigos nuestros, porque no le va a ir bien”.
Ese tono desafiante reforzó la imagen de un jefe narco que se sentía protegido y con capacidad de moverse por distintos países. En algunas publicaciones y reportes televisivos incluso comenzó a ser mencionado como el “Rey del Sur”, un apodo que buscaba reflejar la influencia que habría alcanzado en la región.
La comparación con Pablo Escobar
Tras su captura, la dimensión del caso volvió a dispararse cuando la DEA lo comparó con uno de los narcos más famosos de todos los tiempos. Según informó Montevideo Portal, el titular de la agencia estadounidense, Terrance Cole, describió a Marset como “el Pablo Escobar de la era moderna”.
La comparación no apunta a que ambos hayan tenido exactamente el mismo modelo criminal, sino al alcance internacional y al peso que llegó a tener su organización en el tráfico de cocaína. Mientras Pablo Escobar simbolizó el narcotráfico colombiano de los años 80 y 90, Marset fue presentado como una figura adaptada a los nuevos tiempos: menos visible, más móvil, más transnacional y apoyada en redes logísticas, financieras y tecnológicas mucho más sofisticadas.
También existe una diferencia clave: Escobar construyó un poder político y militar casi abierto, mientras Marset se movió durante años entre identidades falsas, estructuras fragmentadas y alianzas con distintas organizaciones criminales del Cono Sur.
La recompensa y la presión de Estados Unidos

La presión internacional sobre Marset creció todavía más cuando Estados Unidos avanzó en acusaciones por lavado de dinero y ofreció una recompensa de 2 millones de dólares por información que permitiera ubicarlo.
Eso terminó de consolidarlo como uno de los capos narcos más buscados de Sudamérica. Para entonces, ya no solo era perseguido por Bolivia, Paraguay o Uruguay, sino también por agencias estadounidenses interesadas en desarticular la ruta de dinero y cocaína que conectaba a Sudamérica con Europa.
La captura en 2026

Finalmente, el 13 de marzo de 2026, Marset fue capturado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, durante un operativo que puso fin a varios años de búsqueda. La noticia recorrió rápidamente la región y marcó el cierre de una persecución internacional que había acumulado allanamientos fallidos, fugas, videos desafiantes y una fuerte exposición mediática.
Su caída fue presentada como un golpe importante contra el narcotráfico y reabrió el debate sobre cómo logró moverse durante tanto tiempo entre distintos países, documentos e identidades.
El operativo se realizó sin enfrentamientos directos y terminó con otras personas detenidas del entorno del capo uruguayo. Luego de la captura, el caso volvió a poner bajo la lupa la cooperación entre las fuerzas de seguridad de la región y la participación de agencias internacionales.
Un caso que expuso fallas en toda la región
El historial de Sebastián Marset dejó al descubierto algo más grande que su propia historia personal: mostró las debilidades de los sistemas de control, la facilidad con la que ciertas redes criminales cruzan fronteras y el nivel de influencia que puede alcanzar el narcotráfico en Sudamérica.
Desde Uruguay hasta Bolivia, pasando por Paraguay, Dubái y otras escalas, su recorrido se transformó en uno de los casos criminales más resonantes de los últimos años.
Su historia también dejó otra señal preocupante: la del crecimiento de organizaciones narco con capacidad de operar como verdaderas empresas criminales transnacionales, combinando violencia, lavado de activos, contactos políticos, logística internacional y una fuerte capacidad de corrupción.
Video: el informe completo sobre Sebastián Marset
Debate
La captura de Marset cerró una etapa, pero también abrió nuevas preguntas. ¿Cómo pudo mantenerse prófugo durante tanto tiempo y operar con tanta libertad en distintos países?


